Regresé,
a una casa sin tristeza
en un Madrid con hojas secas,
a soportarme en mi piel.
Regresé,
de alargar tanto el verano,
de reencontrarme su mano,
de aprenderme a conocer.
Regresé,
con las heridas cerradas,
las caricias renombradas,
y sin miedo de querer.
Regresé,
y dejo la maleta cerca,
y las ganas bien despiertas
por si me vuelvo a perder.
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